junio 01, 2016

"Fantasías Sexuales" [Takachii]

[Nota: Porno, porno, porno].

Días libres. ¿Cuál era la forma favorita de aprovechar un día libre para Takaki? Salir a pueblos con lagos o playas, algo solitarios y… completamente aburridos.
Miré por la ventana la repetición constante del paisaje, casi imperceptible por mis ojos, ya que, íbamos viajando de noche, pero la luna iluminaba tenuemente el prado y los cerros. Cambié la música por octava vez, la frecuencia se desvariaba a cada kilómetro, la estática nos tenía hastiados.

    ¿Puedo poner música de mi celular?
    Sería lo mejor— Sonrió Yuya, entregándome el cable para conectar ambos puertos.
    Maldición, no le queda batería.
    Pon el mío, entonces.
    ¡No! No me gusta tu música—Fruncí los labios mientras él reía.
    ¡Oh! Mira, hay una estación de servicio. Pasemos a beber un café y aprovechas de cargar tu móvil.
    Vale.

Estacionó el auto a las afuera de la tienda. Cuando nos bajamos, me percaté se un ruido extraño, como un disparo. Miré al interior de la tienda y vi a dos hombres, asaltando al único vendedor. Abrí mis ojos y como reacción inmediata, tomé el brazo de Takaki, para que no ingresara.

    ¿Qué fue eso?
    Shhh— Dirigí mi vista hacia los asaltantes, para que entendiera mi mensaje.
    Maldición.

No tuvimos mayor tiempo para reaccionar. Takaki, fue más instintivo y me empujó detrás de la puerta. Los ladrones corrieron con el único objetivo de desaparecer lo más pronto posible de allí. Desesperadamente, me quité a mi novio de encima e ingresé al local, sabía que había alguien herido.

    ¡Ayuda! —Era un hombre, de unos sesenta y tantos años, estaba herido en la pierna.
    Tranquilo, nosotros lo auxiliaremos.

Con solo una mirada, bastó para que Takaki se moviera. Cargó el cuerpo adolorido del señor de un solo esfuerzo, yo abrí la puerta del auto, permitiendo que se recostara. Nos subimos apresuradamente y partimos en dirección hacia algún hospital.

    ¿¡Dónde hay un hospital!? —Le vociferé al hombre, para que no se durmiera durante el viaje.
    S-Sigan d-derecho… hasta la plaza, verán una casa con cruz roja, ahí…—Yuya aceleró.
    ¡Resista!

Llegamos al hospital y Takaki volvió a tomar al hombre en sus brazos, sacándolo del auto a una velocidad impresionante. Yo pedí ayuda a la primera persona que se nos cruzó por delante. Llamaron al médico de turno y trajeron una camilla, ingresándolo a cirugía de emergencia.
Cuando lo vi desaparecer entre las puertas, pude respirar más aliviado.

    ¿Qué sucedió? ¿Son parientes? Necesitamos que respondan algunas preguntas—Indicó una enfermera.
    Somos turistas, quisimos pasar por un café y nos percatamos del asalto, no pudimos detener a los ladrones, pero él estaba herido…—Contestó agitado, mi acompañante.
    ¿Él es el hombre que atiende la tienda de conveniencia de la estación de gas?
    Exactamente…
    Ya veo, los llevaré a la estación de policía que está al frente, deben denunciar el hecho, pero antes, denme algún número de contacto.

Así lo hicimos. La enfermera nos llevó hasta a la estación, que estaba a unos cuantos pasos del hospital; este pueblo era demasiado pequeño, pensé.
Ingresamos y solo había dos policías, leyendo el diario. Al parecer, jamás sucedía nada en aquella área. Suspiré.

    ¡Yumi-kun! —Dijo el policía más senil, como si la visita de esa mujer, fuera lo más florido del día.
    Buenas noches, Takano-san. Verá, estos chicos acaban de presenciar un asalto al señor de la gasolinera, quien fue baleado en la pierna. Sería bueno dejar constancia del hecho o mejor aún, que vayan a buscar a los ladrones.
    ¡Claro, claro! ¡Lo que usted diga! Déjame anotar sus nombres.

La muchacha se fue y quedamos a solas con los dos hombres, quienes nos llenaron de preguntas sobre lo que habíamos visto.

    ¿Cómo eran los ladrones?
    Ya le dije que no lo sé, todo fue muy rápido— Rebatí, frustrado.
    Eran de contextura delgada, como cualquier japonés. Tenían ropa deportiva y pasamontañas en sus rostros. Huyeron en dirección a la carretera—Repitió Takaki— Es todo lo que sabemos.
    Oye, Takano, es mejor que vayamos a buscarlos— Propuso el policía más joven.
    Sí, deberían— Les mencioné malhumorado. Era el colmo.
    Ustedes vayan a casa— Nos dictaminaron.
    No somos de aquí y no tenemos reservas en ningún lugar— Ahora, era Yuya quien afloraba su mal humor.
    Bien, entonces quédense aquí hasta que volvamos.
    ¿¡Eh!?

Los uniformados salieron en búsqueda de los malhechores, dejándonos con un sentimiento confuso.

    ¿Así que ahora somos los guardianes de este pueblo?
    Al parecer…—El castaño sonrió y fue a cerrar la puerta, para que nadie entrara a pedir ayuda policial.

Observamos el lugar. Era una pequeña oficina formal, asemejándose más a una casa. Poseía una cocina, un pequeño lugar para detenidos, bóvedas con armas, esposas, bates, sombreros de oficial, entre otros artefactos curiosos.

    Al menos hay café y agua caliente—Indiqué un hervidor y dos tazones.
    ¡Eso suena estupendo!

Preparé dos tazas de café, rebuscando un poco más, hallé galletas y una radio. Sintonicé música con mucho esfuerzo y nos sentamos en el escritorio que habíamos sido interrogados.

    ¿Serán idiotas? ¿Para dejarnos a cargo de la oficina? —Preguntó Yuya, sorbiendo de su taza.
    Revisé cada pieza y no hay nadie, pero… es una estación de policía, deberían haber…—Murmuré, buscando lo que creía— Cámaras…—Susurré apuntando una.
    Oh, ya veo… así que seguimos siendo vigilados. No creo que se enfaden porque tomamos algo de café ¿Verdad?
    Es su culpa por dejarnos al mando de este cuchitril— Expresé molesto.

Esperemos durante unas una hora, sin saber nada sobre los policías. El cansancio estaba llegando a nosotros.
    ¡Qué aburrido! —Pataleé y me levanté hastiado, sin dirección concreta—¿Por qué todos nuestros días libres terminan arruinados de una u otra forma?
    No lo sé… Creo que es debido a mi mala suerte, tal vez…—Takaki estiró sus brazos y se sostuvo del marco superior de silla, quedándose en esa posición, mirando al cielo.
    Tú y tu…—Volví a ver la bóveda y una idea poco sana pasó por mi cabeza. Había dos esposas con llaves. Las probé y sonreí ladino.
    ¿Tú y tu…?
    Tú y tus planes ridículos…—Me acerqué lentamente y como si se tratara de una travesura, presurosamente até ambas muñecas del alto a la silla, impidiéndole la movilidad de sus brazos. Se hallaba en una posición bastante incómoda.
    ¿Q-Qué haces?
    Me divierto un poco… de todas formas, es tu culpa que estemos en esta situación—Insinué, quitándome la pañoleta que llevaba en mi cuello, para cubrir los ojos del mayor.
    H-Hey…
    Shhh…—Anulé su vista con violencia, echando su cabeza hacia atrás en el proceso, susurrando en su oído. —Tengo una idea loca en mente…—. Él, tragó saliva, mordiéndose el labio.

Lo siguiente que hice, simplemente me nació. De todas formas, hace mucho que no podíamos estar a solas y tener relaciones como es debido. Takaki siempre dominaba, pero con demasiada amabilidad; hoy, me decidí a cambiar ese paradigma.
Corrí el escritorio de los policías, dejando más espacio para mi entretenimiento. Abrí su chaleco y lentamente mis manos descendieron por su torso por sobre la camisa. Me arrodillé frente a él, tomando con firmeza el cinturón, provocando más de un espasmo en él. Lo desabroché lentamente, quitándolo de su lugar. Lo estiré, creando aquel sonido aterrador de cuando tus padres te van a golpear con el cuero. Yuya saltó del miedo, haciéndome sonreír malicioso.
Él estaba callado, atento a cada movimiento, casi sudando. Con el cinturón doblado, lo posé sobre su mejilla. Noté el aumento de sus inhalaciones y como las venas de su cuello, palpitaban sigilosamente. Descendí el cuero por su cuello, por su pecho, su estómago, hasta llegar a su falo, por encima de sus pantalones. Golpeé suavemente, sin la intención de hacerle daño, simplemente de hacerle gemir.

    ¡AHH! Y-Yuri…

Su cuerpo estaba demasiado atento. Me acerqué a su garganta, succionando con ganas aquella manzana de adán. Desabroché su camisa, dejando un beso por cada botón. A pesar de la costumbre y el gusto que teníamos ambos, porque Takaki dominara, por primera vez, entendí lo divertido que era estar en su posición.
Cuando vi su torso descubierto, mi corazón se aceleró. Sin controlarme, succioné una de sus tetillas, mientras mis uñas se encargaban de dejar surcos rosados sobre sus costillas.

    S-Si sigues… yo, no podré controlarme… por favor. —Me instó, provocándome aún más. Estiré de una mordida su pezón, para cuando lo solté, mis dientes estaban completamente marcados en su piel.
    Lo siento, me estoy divirtiendo…—Le expliqué, acariciando confianzudamente su miembro con mi diestra.

Estaba creciendo en mi mano y Yuya solo podía ahogar gemidos, para no sentirse avergonzado luego. Relamí mis labios, abriendo su pantalón. Abracé sus caderas y mi boca comenzó un juego con aquella parte que adoraba. Besé su miembro por sobre su bóxer, y succioné repetidas veces su tela. Mordiendo suavemente aquel pedazo de carne y jugando con mi nariz, con tal erección. Con mis dientes, bajé su ropa interior y sin pensarlo demasiado, engullí su pene en mi boca.

    ¡A-Ah! O-Oye… si quiera… déjame ver—Me suplicó.

Ignorándolo plenamente, continué con mi trabajo. Mis manos, se mantenían traviesas y retorcían cada parte de su piel, dándole grandes apretones. Él soltaba suspiros cada vez más grandes, ahora, sin restringirse. Al ambiente estaba candente, de hecho, mi propio miembro ya se estaba despertando de solo oír los jadeos del castaño. No me quedaba demasiado tiempo antes de liberarlo, así que debía aprovechar.
Sostuve la base de su falo, y comencé a embestirlo con mi boca con tanta dedicación que presentí el momento exacto en que Takaki se iba a correr. Lamí solo la punta, llevándolo al extremo. Observé de reojo sus reacciones. Advertí como mordía su chaleco, que colgaba desde sus hombros a causa de las esposas. Estaba completamente sonrojado, resistiendo de la mejor manera mis travesuras. Sus muñecas se estaban dañando por la fuerza impuesta en cada espasmo, así que, decidí terminar con su sufrimiento. Volví a meter todo su pene en mi boca, succionando fuertemente. Su semen invadió mi paladar y garganta. Tragué todo su sabor, saboreando aquel líquido particular.

    A-Ah… A-AH… E-Es suficiente… —Intentó respirar—. Suéltame —Me ordenó.

Sabía que lo que me tocaría no sería nada cordial. La posición de las aletas de su nariz, estaban demasiado abiertas, indicando enojo. Me levanté y busqué las llaves de las esposas. Librándolo.
Se levantó raudamente de esa silla, quitándose la pañoleta. Nos devoramos con la mirada; Él aun preguntándose cómo había sido posible que esto sucediera y yo, colocando mi rostro más inocente.

    No lo intentes conmigo… no creo en esa cara, no ahora.
    Lo sé… s-sólo sé amable…
    Lo siento, pero es mi turno de divertirme.

Tomó mi muñeca, lanzándome contra la pared. Comenzó con un roce sexual entre su miembro y mi trasero. Estábamos demasiado calientes como para no gozar de ello. Moví mis glúteos a un nivel obsceno y él metía sus manos dentro de mis ropas íntimas. Cada vez, estaba acorralándome más en contra de la pared y su cuerpo. Mis suspiros salían sin más. Jamás le había visto así, tan exasperado.
Bajó mis pantalones de un solo movimiento, y sus manos acariciaron el camino que llegaba hasta mi ano, introduciendo uno de sus dedos en mí.

    M-Maldición, Takaki…—Empuñé mis manos. No me esperaba aquella intromisión tan repentina. Comenzó a besar mi cuello, mientras simulaba embestidas con su dedo y la ayuda de todo su cuerpo.

Paulatinamente, afirmé mis palmas sobre la pared, acercando aún más mi cuerpo al de Takaki y solapadamente le ofrecí mi entrada. Sin ser tonto, Yuya tomó mis caderas y las acomodó en una posición inmoral, dejándome casi en noventa grados.
Ingresó con su erección, sacándome un grueso gemido y varias gotas de sudor. Su pene satisfacía cualquier avaricia sexual que pudiera poseer.

    D-Dios… Yuya.

Me embistió brutalmente, chocando reiteradas veces nuestras caderas. Mi cuerpo perdía fuerzas y sostenerme era casi imposible, por la falta de aire. Se detuvo por un segundo, dejándome con un gemido a medio salir. Iba a preguntar qué le ocurría, pero giró mi cuerpo forjando el cruce de nuestras miradas. Me desvistió totalmente y por primera vez en esa noche; Nos besamos.
Era un beso sucio, deseoso, candente, pero de cierta manera, lleno de afecto. Mis manos le quitaron sus molestas prendas, al menos el chaleco y la camisa que aun pendían de sus hombros. Lo abracé con necesidad. Ingresó nuevamente su miembro en mí, acabando el gimoteo que había quedado a medio salir.
La posición no era ciertamente cómoda, por ende, Yuya me alzó y rápidamente abracé su cuerpo con mis cuatro extremidades. Con el refuerzo de la pared, continuó el movimiento. No conseguíamos detener el beso. Estiramos nuestros labios, jugamos con nuestras lenguas.
 Lo que había iniciado como un simple juego, estaba concluyendo de forma muy penetrante. Llegué a temer por un momento, por lo incontrolable de la situación.
Desordené y tironeé de su cabellera. Jadeé enérgicamente frente a sus labios, mientras varias convulsiones invadieron mi parte baja. No fue necesario que me acariciara, mi semilla se esparció por nuestros cuerpos libremente. Estrujé el cuerpo de mi novio, sintiendo su eyaculación por segunda vez. Amaba el ardor que dejaba en mi interior.
El cansancio le pudo y sus piernas cedieron, cayendo ambos el suelo. Pero eso, no impidió que nos abrazáramos aun con más fuerzas. No tenía ganas de separarme de él. Takaki es mi punto débil, aunque no suela reconocerlo.
Acarició mis cabellos mientras me acomodaba en su pecho. Miró hacia el techo con una enorme sonrisa de satisfacción, hasta que sentí la variación de su ritmo cardíaco. Se había asustado.


    ¡Las cámaras! —Me miró, aterrorizado a lo que yo me largué a reír. 

4 comentarios:

  1. Dios bendito estuvo muy bueno en cuestión 0.0 no sabía de este blog (creo que ya no esta en función pero era muy muy bueno, espero leas mis felicitaciones :)

    ResponderEliminar